La primera vez, de Romer Negrón

Fotos taller CEV 2016

 

La primera vez

(391 palabras)

Taller: CEV – Agosto 2016

 

Dejaron de verse unos meses, aprovechando las vacaciones de bachillerato.  No salieron de la ciudad y se permitieron descansar uno del otro. No se encontraron, ni escribieron. Ella intentó llamarlo  un par de veces asustada, pero él no atendió por pura indiferencia. Todo quedó muy claro y sobreentendido después de aquella noche.

En la fiesta de un amigo en común coincidieron de nuevo, así como la primera vez  que se conocieron. La música sonaba a un volumen muy alto afuera, en el fondo del pasillo donde se encontraron, la armonía se aislaba por completo de sus intenciones.

Todos los que caminaban por el lugar vestían y hablaban casi como ellos. Permanecieron callados. Sólo los  ojos desorbitados de  la chica hablaban y le decían a los otros ojos perdidos el terror después de aquél encuentro antes de las vacaciones.

Él comprendió muy rápido, que las pupilas se dilataban y la piel se sonrojaba al acercarse a ella. Oliendo su perfume todavía tierno, no podía creer en su sospecha. Miró hacia el suelo y ella hacia el cielo. Una puerta cercana se batió mientras él se acercaba. Ella, que tenía los brazos cruzados los bajó para dar paso a lo que venía, abriéndole su pecho sin miedo, sin protección. La respiración de ambos aumentó y el corazón les sacudió tan fuerte quedando en un latido desnudo. Apretando la mano derecha se acercó al rostro de ella. Respirando igual, sintiendo igual.  Después de aproximarse a nada sus bocas, un aliento los separó nuevamente,  la mano de hierro puntiaguda y afinada  chocó contra  el ombligo de la chica que  cayó como un bulto al suelo. Él continuaba de pie, inmóvil. La mano tensa y roja continuaba con la fuerza del principio. La chica se retorcía intentado respirar y aferrándose a los tobillos del chico. Después de un sollozo aliento, se  impulsó arañando la tela del pantalón de él con las uñas pintadas de color chicle, subiendo cada vez más torpe y aturdida por su torso. Al levantarse cayó  sobre su pecho reteniendo todas las muecas de dolor. En el fondo, en una puerta cercana,  se escuchaban gemidos, gritos reprimidos y lamentos de goce que iban aumentando con la música de fondo.

Los cuerpos de él y ella permanecían juntos, mientras los brazos de la chica rodeaban de a poco su vientre abultado.

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