La vida de un perro, de Ferdinand Baena

Fundación Centro El Portal, La Pastora

Autor: Ferdinand Baena. Edad: 12 años. Cursa: 5to Grado

Fecha: Marzo 2016

La vida de un perro

(481 palabras)

Cuando tenía solo tres meses de nacido una familia me adoptó. Me llamaron Toronto. Fui muy feliz con ellos y ellos también parecían estarlo conmigo porque para mi primer cumpleaños recibí una gran sorpresa. Mi dueña, Fabiana, me llamó para darme una galleta. Pensé que eso era todo pero luego me llevó a la sala de estar donde todo estaba a oscuras. De repente una luz segadora despertó mi curiosidad. Luego el grito de mi dueña casi me deja sordo: “¡Feliz Cumpleaños, Toronto!” Había una montaña de regalos, donde mi favorito fue un collar con mi nombre.

Al cumplir mis dos años yo esperaba que también lo celebraran pero no llegaron los  regalos. Para Navidad esperaba que Santa Claus me trajera un abrigo de renos que tampoco llegó. Meses después ya no dormía con Fabiana, dormía en la sala de estar. Un día no me dieron comida pero los perdoné, otro día me dejaron en el patio y me tocó dormir bajo la lluvia.

Hasta que un día, jugando con Fabiana, sin querer la mordí. Me castigaron y días después me dijeron que íbamos al parque. Yo me emocioné mucho. Por eso cuando llegamos, apenas abrieron la puerta del carro, salí corriendo para jugar con Fabiana, pero ella se había quedado en el carro. Vi cómo su papá cerraba la puerta y arrancaron sin mí. Corrí y corrí pero no los alcancé. Me dejaron vagando por las calles. Me corté una de mis patas con un vidrio, así que me quedé bajo un techo pasando el dolor. Estuve todo el día sin comer ni tomar agua. Sentía mis costillas pegadas a la carne y ya casi no podía abrir los ojos. Al siguiente día Fabiana y sus amigos vinieron al parque a tirarme piedras. Entonces decidí irme de ahí. Y fue cuando me atropelló una moto, lastimándome mi pata trasera derecha. Caminé cojo hasta que llegué a la casa de mi familia, pero por más que ladré y rasguñé la puerta no abrieron. Me di cuenta de que ya no me querían. Caminé por la ciudad hasta llegar a un refugio animal donde curaron mi pata y me alimentaron.

Una familia que estaba de visita en la ciudad visitó el refugio y me adoptó. También adoptaron a Mildred, una gata que había sido mi mejor amiga en el refugio animal. Teníamos una caja de juguetes para nosotros donde pasábamos todos el día jugando.

Al final de las vacaciones de mi nueva familia viajamos a nuestra casa, que estaba en Nueva York. Mi nueva familia viaja mucho por vacaciones, y como nos portamos bien y los protegemos siempre nos llevan con ellos, así hemos ido a muchos países. Con mi nueva familia he sido muy feliz, los amo y siempre lo haré.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *