LIRIO DEL VALLE

 

 

Autor: Verni Salazar

Taller: Conservatorio de Música y Danza “Alberto Requena”. Los Robles.

 

Como todos los días, Tomás prepara sus enseres para salir al encuentro con el mar, ese que conoce como la palma de la mano, desde sus correrías de niño hasta las más esforzadas faenas. Mira con amor a su esposa, aún en la cama, se dirige a la habitación de sus hijas,  les da la bendición y se encamina hacia la puerta principal, no sin antes encomendarse, con el mismo fervor de siempre, ante la imagen de la Virgen del Valle.

Se va hacia la playa, donde se encuentra amarrado en la orilla su compañero de trabajo: “Lirio del Valle”, el bote que adquirió con mucho sacrificio, años atrás.

El Tomás de hoy, no es el mismo de todos los días, el pausado andar de su recio cuerpo y la expresión de su bronceado rostro lo delatan, algo dentro de él le quita las ganas. Con desdén se enrolla el pantalón hasta las rodillas, recoge los cabos y el rezón, arroja los enseres, sube a bordo y se sienta en el banco de popa; con la mirada perdida en el horizonte recuerda las palabras de su esposa:­

—Tomás, ya no puedo con esto, nuestra situación económica es grave; todos en el pueblo están bien, menos nosotros, ve a ver cómo resuelves, Tomás, o tendré que irme con las niñas a vivir con mi familia.

Con este pensamiento echa andar el motor y el “Lirio del Valle” comienza adentrarse en la búsqueda de una redada abundante de peces que le permita ganar el suficiente dinero. Luego de varias horas sin encontrar la captura deseada y cada vez más distante de su  acostumbrada zona de labor,  la desesperación y la amargura van invadiendo su ser. De pronto aparece ante él un cardumen de carites y sin perder tiempo empieza su faena: palangres y anzuelos son puestos en acción, carite tras carite se van apilando en el fondo del bote por la destreza de Tomás, quien concentrado en su labor y abstraído en pescar y pescar no advierte que con el peso la embarcación comienza hacer aguas, mientras el cielo se va oscureciendo y el tamaño de las olas se hace cada vez mayor.

Cuando parece volver en sí, el agua cubre casi todo el casco del bote, el motor ya no responde y la tormenta se hace presente;  otea todo a su alrededor y solo logra divisar a lo lejos una luz. Cierra los ojos se hace la señal de la cruz encomendándose a la Virgen del Valle y con la cabeza entre sus manos, bajo la lluvia torrencial se sienta en la proa.

Mientras tanto, en la orilla de la playa, la esposa y sus dos hijas, esperan el pronto regreso de Tomás, observando aquel crepúsculo que esa tarde ya no tiene el mismo color de siempre.

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