Lo que pasó, de Marcel Antonorsi Blanco

Taller Intensivo FILCAR 2016 2

No me considero un maestro, pero me siento orgulloso de muchos de los alumnos que han participado en mi taller Aprende a Escribir un Cuento. Aquí les dejo uno de ellos, el de Marcel Antonorsi Blanco, y que sirva para despedir formalmente la pasada Navidad.

Felices cuentos

 

Lo que pasó

Marcel Antonorsi Blanco

17 de diciembre 2016

 

Les voy a contar lo que pasó, porque fui testigo.

El veinticuatro por la mañana recibí la noticia de que en Belén estaba pasando algo importante. Me dijeron que el Ángel Gabriel le había anunciado a María que al cantar el gallo Jesús nacería.

No lo pensé dos veces, y con mi burrito sabanero me fui corriendo camino de Belén. Me despedí, y le dije a mis amigos que si me ven, si me ven, es porque voy camino de Belén. Entusiasmado iba cabalgando mi burrito diciéndole: Corre mi burrito vamos a Belén a ver a María y al Niño también.

En el camino se iba formando toda una caravana. Para mi sorpresa me encontré que hacia Belén también iba una burra (din, din), cargada de chocolate. Umm. ¡Qué sabroso!

Como el trayecto era largo iba pensando en muchas cosas. Por ejemplo: ¿cómo el perico teniendo un hueco debajo del pico puede comer? ¡No puede ser!  Seguí pensando y pensando y se me ocurrió algo un poco chiflado. Me imaginé una historia de un reno llamado Rodolfo que tenía la nariz roja como la grana y de un brillo singular. Una verdadera locura… un reno con una nariz roja brillante…

Ya con un sentido más práctico pensé que era una buena idea llevar una flores de regalo y le dije a un tucusito que volaba cerca: “Tucusito, tucusito, llévame a cortar las flores. Mira que en las Navidades, se cortan de las mejores”. Y así fue. Cortamos unas flores silvestres para llevarlas de regalo.

La caravana pasó por un palomar y las palomas salieron volando. Eran castas palomas de gentil plumaje, que me parecieron emblemas tiernos de risueña paz.

De repente se oyeron unos gritos que anunciaban que por ahí venía la cabra mocha de Josefita Camacho. Al parecer es mocha de los dos cachos, del rabo y las dos orejas, y por eso es que no deja que la agarren los muchachos. ¡Que de cosas! Salí espitao…

Ya estábamos llegando a Belén y un señor me detuvo y me dio una orden que no pude sino obedecer. Me dijo: “Anda muchacho y amárrame la mula. Anda mijito y búscame pronto el buey. Ve a cortar la hierba. Recoge la Grey. Porque ha nacido el Niño, el rey de Belén”. Hice contento todo lo que me pidió, porque el Niño ya había nacido.

Como era de esperarse San José y la Virgen, la mula y el buey, fueron los que vieron al Niño nacer.

Había un gentío tratando de ver al Niño. Alrededor del pesebre se produjo un espectáculo luminoso de los que pocas veces se ven. Miles de cocuyitos alumbraban los campos floridos. Se oía claramente la risa del Niño, que estaba acostadito en la que la gente llamaba “la cuna de Dios”.

Llenos de piedad, algunos cantaban: “Niño lindo, ante ti me rindo. Niño lindo eres tu mi Dios”. Otros, más entusiastas tronamos a una sola voz: “Fuego al cañón, fuego al cañón, para que respeten nuestro parrandón”.

¡Qué maravilla! Eso fue lo que pasó…

 

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